Capítulo 9
Era uno de
los últimos exámenes de la carrera, oral e individual ante un jurado de 3
profesores, similar al examen de grado que, con suerte, rendiría en los meses
siguientes.
El examen era
en terno y a través de balotario : uno mismo metía la mano en el bowl para sacar el papelito con los
temas a rendir. Los profesores iban
llamando uno por uno, sin un orden establecido, te podía tocar en cualquier
momento.
¿Qué te
tocó? – era la pregunta que la muchedumbre le hacía a quien salía del examen.
Dante caminaba
por el pabellón con sus apuntes en la mano, releyendo para sacar la mejor nota
posible que le permitiera, luego de unos años, aplicar a la maestría en Alemania.
Iba y venía, para estar cerca en caso lo llamen. Si lo llamaban 3 veces y no
estaba, chau.
En una de esas caminatas la vio subiendo las escaleras. Era lo que tenía el pabellón G, mucha gente pasaba por ahí para ir al óvalo a tomar su combi.
-
Asu
que elegante – le dijo Wendifer, mientras Dante fracasaba en
su intento de no ponerse como un tomate.
Mientras ella le contaba que su papá y su
hermano estaban viviendo en España, Dante intentaba dejar de pensar que de
aproximadamente 5,000 chicas en esa universidad, Wendifer era la única que lo
hacía entrar en una especie de trance nervioso. Y ya iban unos cuantos años con
eso. Se sentía condenado a callarlo por siempre, cuando lo que más quería era
gritárlo.
“Como me
gustaría caminar agarrándote la mano, haciéndote reír y escuchando cada anécdota
que quieras contar” – pensaba mientras sonreía intentando ocultar todo lo que
sentía, adoptando su típica actitud de no me importa nada.
Wendifer se
despidió y siguió hacia el óvalo para tomar la combi, dejando a Dante más
hiperactivo antes de su examen.
Con ella se
iban años de silencio, callando el hecho que ella era su “persona por la que te
vas a morir por siempre a pesar que nunca hubo nada”. Ese silencio le hacía
mucho ruido por dentro. Cada vez era más tormentoso.
Tenía 2
opciones:
Decírselo y
rajarse por ella, o ser como la mayoría de personas, mariconear, olvidarse del
tema y conformarse con otra que por muy buena que fuera, nunca sería Wendifer.
Para esta
segunda opción, necesitaba la ayuda de no volver a verla. Y le quedaban solo 2
meses de universidad.
Quien sabía,
tal vez luego de unos 20 años, él se armara de valor para decírselo a su
manera, y ella le acepte, después de un poco de insistencia, tres inocentes
cafés. Tres, porque uno solo, no le bastaría para cambiar sus profundas opiniones
al respecto.
- - Webón
te está llamando el Gargamel, te toca! Fue la sacudida que lo sacó del trance.
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